(Provogue / Mascot Label Group)
Siguiendo la línea brillante de
su predecesor, este nuevo disco crece en cuanto a variedad compositiva, sin
abandonar los fundamentos blues rock que le han llevado hasta lo más alto del
género, acompañado por un puñado de buenos músicos, destacando además de la
labor instrumental la vocal de las coristas Jade McRae, Juanita Tippins
y Mahalia Barnes (hija del gran Jimmy Barnes).
Así, el disco se abre con la
tórrida “Evil Mama” que a golpe de batería de la mano de Anton Fig (Frehley’s Comet, Blues Brothers) nos coge por sorpresa para
recordar por un instante al “Rock & Roll” de Led Zeppelin para inmediatamente tornarse sensual y embaucadora con
sus sonidos de viento y sus coros rodeando el groove y la clase de Bonamassa y del bajista Michael Rhodes. Sube el ritmo en modo
más rockanrolero con “King Bee Shakedown” marcada por su percusión creando una
divertida ambientación bullanguera con buena participación de los trompetistas Lee Thornburg y Paulie Cerr y del teclista Reese
Wynans (Steve Ray Vaughan, Double Trouble, Buddy Guy, John Mayall),
mostrando que se puede crear una pieza entretenida y asequible sin perder virtuosísimo.
Vuelven los efluvios
Zeppelinescos aumentados en la cadenciosa “Molly O’” el corte que más recuerda a
Black Country Communion, una composición
que a pesar de su reiterativo ritmo envuelve y seduce con su profunda melodía
vocal y de guitarra sobre una sólida base rítmica, para cambiar a continuación
de registro en línea blues sureña con “Deep In The Blues Again” , atemperada y
evocadora pieza en la que nuevamente resalta la participación de las coristas y
los adornos de guitarra, para ir densificándose en el inicio de la extensa y
pantanosa “Self-Infected Wounds” que va cogiendo cuerpo e intensidad en su
desarrollo con sus cambios de afinación y tempo, aunque sin acabar de arrancar
del todo.
Vuelven los sonidos más cálidos y
sensuales con “Pick Up The Pieces”, otro tema de larga duración que en sus seis
minutos y medio de duración nos traslada a un garito lleno de humo y alcohol
para contarnos una historia de despechado desamor a base de expresivas líneas
vocales, tímido piano, arrastradas notas de slide guitar e intimistas toques de
trompeta, todo ello cocinado a fuego lento. Sube el ritmo paulatinamente en “The
Ghost of Macon Jones” con cierto regusto blue grass, marcada por el tono nasal
de la voz de Joe apoyado por las
armonías vocales de Gary Pinto y por
los aportes orgánicos de Wynans,
quedando bastante resultona.
Llegamos a uno de los temas más
elegantes y con más esencia del disco “Just ‘Cos You Can Don’t Mean You Should”,
puro blues rock lleno de clase y feelin’ con la guitarra hablando y exhibiéndose
entre golpes de viento y discretos apoyos corales, manteniendo el nivel en
clave más polvorienta con el tema que da título al álbum “Redemption” con la
slide y la profunda voz de Bonamassa,
casi recitante, creciendo espectacular hasta el estribillo apoyado por unos grandes
coros subiendo y bajando de tono de forma hechizante.
Algo más de ritmo en la simpática
“I’ve Got Some Mind Over Matters”, sencilla, con rollo y encanto sin
complicarse demasiado apoyada en un original fraseo y un discreto aporte de
piano, tornándose bastante más monótono y plano en la lenta “Stronger Now In
Broken Places”, agradable pero sosilla, para mi gusto el corte más flojo del
disco, que se cierra con la atormentada “Love Is a Gambler” blues de cadencia
y compás clásicos con un punto tórrido en la que el guitarrista y cantante
exhibe su enorme clase bien apoyado por el resto de la banda.
Buen colofón para un más que
interesante trabajo que bien podría situarse entre los mejores de la discografía de
este infatigable genio del blues rock.
Mariano Palomo
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