(Frontiers Music)
Un show que servía para presentar
el último disco en estudio “Ghost Of
Graceland” (2016) y de hecho es el que más representación tiene dentro del
set list copando más de un tercio del mismo, algo que podría tener más sentido si
fuera un concierto más de la gira. Pero tratándose de la grabación de un primer
disco en vivo en un escenario tan especial, y con siete trabajos de estudio a
sus espaldas dejan fuera demasiados clásicos de su repertorio e incluso se
obvia por completo uno de sus discos de culto como “The Pleasure Principle” (1986), y otras de su mejores obras como “Scartch and Bite” (1985) y “Dreamhunter” (1987) apenas están representadas
por un tema cada una de ellas. Que
un primer disco en directo de Treat
no aparezcan clásicos como “Sole Survivor”, “Rev It Up”, “Strike Without The
Warning”, “Take Me On Your Wings”, “Outlaw”, “Changes” o la propia “Scartch and
Bite”, me parece un gran error.
En cualquier caso los temas
elegidos no están mal, faltaría más, y el sonido como cabía esperar muy limpio,
sin apenas parones, sonando todo en su sitio, con las melodías de voz siempre
arriba, las guitaras y las teclas equilibradas, y la base rítmica presente en
su justa medida, pero se echa en menos más calidez y energía de directo, y una
mayor participación del público que seguramente lo haría más creíble.
El inicio se centra en el último
disco, comenzando por el tema que le da título “Ghost Of Graceland” hard melódico
atemperado con unas bonitas guitarras de Anders
Wikstrom acompañadas por las envolventes teclas del invitado Jona Tee (H.E.A.T) respaldando la personal
voz de Robert Erlund. Continúan con
la más animada “Better The Devil You Know” con la base marcada sobre la pegada
del batería Jamie Borger y la
presencia del bajista Pontus Egberg
pero todo dentro de un sonido muy cuidado y melódico. Se cierra la trilogía
inicial con la incisiva “Nonstop Madness” en la que Wikstrom rasga con su guitarra la enorme melodía de voz de Erlund apoyada por unos competentes
coros.
Tras la pertinente bienvenida y
saludo al público primer recuerdo a la etapa ochentera con la contagiosa “Ready
For The Taking”, primera de las tres que aparecen de su cuarto disco “Organized Crime” (1989) y que brilla
con su estribillo ganador entre una instrumentación más cruda de lo habitual,
llegando a continuación el primer tema de su magnífico “Coup De Grace” (2010) la espectacular “Papertiger”, un tema y un
disco a la altura de los mejores del grupo y que una vez más suena magnífica
destacando los teclados y sus acompasadas voces armónicas.
Vuelta al último trabajo con dos
temas bastante menos intensos y perfectamente sustituibles en mi opinión, la suave
“Do Your Own Stunts” que no parece ni mucho menos su mejor balada y que corta
mucho el ritmo, y la más viva “Endangered; Inferno” que no está mal pero que no
acaba de engancharme a pesar de sus buenas melodías de guitarra y teclas. Unas
Teclas que adquieren mayor protagonismo de la mano de Tee en el inicio de “Gimme One More Night” dándole un barniz
sinfónico a su compacta base hard melódica, dejando mayor protagonismo e intensidad
a la guitarra de Wikstrom en el
apasionado medio tiempo “We Own The Night” ultra melódico y pegadizo con su brillante
estribillo.
Igualmente efectiva y contagiosa pero
con más ritmo y potencia aparece “Roar” doblando melodías sobre unos incisivos
riffs que se dulcifican seguidamente con una de las canciones más bellas
compuestas por el grupo “Get You On The Run” que más de treinta años después sigue
maravillosa sonando aquí muy natural y desnuda sin sobrecarga de teclados
siendo una de las pocas en la que se aprecia tímidamente al público coreando su
estribillo casi a capela pero muy bajito, antes de atacar con el punzante riff
de otra de las grandes “Conspiracy” sostenida sobre una sólida base y una gran
melodía.
El cierre lo ponen con la majestuosa
“Skies Of Mongolia” otro de los mejores temas del grupo desde su reunión hace
unos años y que suena magnífica con unos grandes juegos de voces, unos evocadores
teclados y una tremenda solidez en su base, para terminar con la festiva “World
Of Promises” uno de sus himnos con esos acordes de guitarra tan pegadizos y con
ese estribillo coreado y palmeado por el público recogido de nuevo a un volumen
demasiado bajo, siempre un gusto volver a escucharla aunque algo falta de
fuerza en esta ocasión a pesar de insertar un enérgico solo de guitarra junto a
las teclas marca de la casa.
En fin, un disco que no está mal,
ni mucho menos, pero que me da la sensación que podía haber sido mucho mejor.
Como recopilatorio de la última etapa de Treat
podría valer, pero creo que habría que pedirles más, independientemente del
trabajo de producción ya que no sabemos
en qué medida recoge lo que realmente sucedió en directo, antecedentes hay para
sospechar, cada uno que lo valore como crea oportuno.
Mariano Palomo
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