(AFM Records)
Lejos quedan ya los primeros
tiempos del grupo con el vocalista Pete
Wiedmer al frente junto a los guitarristas Thom Blunier y Thomas Muster
cuando su música estaba más cerca del hard melódico clásico, para ir
metalizándose y actualizándose paulatinamente desde la entrada de Mark Fox en la banda en 2003 para la
grabación de su notable cuarto álbum “Rising”
y dejando posteriormente otros tres correctos trabajos pero no tan brillantes
para ir perdiendo poco a poco frescura y dinamismo. Algo que se tradujo en el
relevo del cantante siendo sustituido por el exótico John Prakesh con el que registraron otro par de referencias con las
que parecían querer relanzarse pero sin acabar de conseguirlo, hasta que Fox volvió en 2015 para grabar unos
meses después “High Noon” uno de sus
mejores trabajos, refrendado ahora con este “Snakes
& Ladders”.
Un disco en el que la energía y
la contundencia están al servicio de la melodía, y no al revés como en otras
ocasiones, con un buen trabajo compositivo ofreciendo los elementos
reconocibles de la banda, aportando además versatilidad y una más que
competente producción para redondear un atractivo resultado final, actual pero
sin perder la esencia del hard melódico. Aunque el comienzo despista un poco
con “Cassandra’s Curse” un tema algo oscuro y en absoluto directo para empezar
pero que encierra una compleja y elaborada instrumentación con sinuosos y
robustos pasajes rítmicos entre los que se desliza una cavernosa pero clara
melodía vocal, haciendo que gane enteros a cada escucha.
Después de este primer
acercamiento más atemperado, empieza la caña con la dinámica y sencilla “Friday
Nightmare” con unos riffs afilados y cortados de la mano de Muster y Blunier entre su rotunda pegada con un Roger Tanner que golpea sin piedad los tambores, perfectamente
acompañado por Dominik Pfister al
bajo. Vuelven a rebajar un poco el ritmo pero no la intensidad con el tema
título “Snakes & Ladders” más densa y pesada pero tremendamente cuidada en
sus melodías de voz, llegando bien aunque no tan inmediata, aligerándose el
sonido en la más tranquila “Something You Don’t Understand” un buen medio
tiempo, sencillo, armónicamente bien trabajado creando una encantadora ambientación
entre sus guitarras y voces.
Recuperan potencia y ritmo con “The
Seeds” tema con fuerza y melodía de afinación alta y redobles marcados acompañando
sus trabajadas voces quedándoles bastante resultona para recordar a los últimos
Gotthard siendo de las que más me ha
gustado. Tampoco está nada mal la sugerente “Rollin’” susurrante y sensual en
sus melodías sobre una precisa base salpicada de matices dándola un gusto
especial, para seguir en la línea de sus paisanos resultando más directos con
la arrogante “Medicine Man” en la que destaca un magnífico solo de guitarra y
su gran melodía vocal, al igual que en la pegadiza “I Will Rise Again” con un
toquecillo sleazy y callejero que engancha siendo otra de las más contagiosas y
poderosas.
Se relajan con la power ballad “Open
Water” en la que la áspera y cálida voz de Fox
sobresale junto a unas suaves rítmicas, unos bonitos coros envolventes y otro
precioso solo de guitarra pleno de sentimiento. Un mínimo oasis de calma antes
de volver a la carga con “The Race Of My Life” hard actual de ritmo marcado,
rasgando y pegando sin perder melodía sobre todo en sus pegadizos coros,
repitiendo la ecuación pero con un resultado algo menos atractivo en la más
pesada “Fire In My Vains”, para rematar el disco con otro corte más melódico
como “The End Of The Days” que comienza lento y acústico para desarrollarse a
medio tiempo con unas marciales rítmicas que le dan un punto hímnico a lo Bonfire que les queda bastante bien. Buen
cierre para este notable trabajo que confirma la recuperación de los mejores Shakra del siglo XXI.
Mariano Palomo
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