(Frontiers Music)
Luego llegaron los noventa,
siguieron sacando algún disco interesante como “Hollywood Vampires” (1991) o “Man
In The Moon” (2001) y poco a poco fueron desapareciendo del mapa con obras
oscuras y escasamente atractivas para muchos de sus seguidores. Todo esto
desembocó en la ruptura y la pelea legal de los dos líderes por el nombre del
grupo formando cada uno sus L.A. Guns,
sin obtener por separado ninguno de ellos ni de lejos el éxito que lograron
juntos.
Y este año, por fin y después de
infinidad de entradas y salidas en la formación, por fin vuelven a juntarse
mostrando una muy buena forma ambos para dar a luz este décimo primer trabajo
en estudio que recupera en buena medida la crudeza y el filo de sus primeras
entregas. Para la grabación han contado para la base rítmica con dos elementos
completamente nuevos, Johnny Martin
al bajo y Shane Fitzgibbon a la
batería realizando ambos una más que correcta labor. En directo acompaña a la
banda el guitarrista Michael Grant
que entró en la banda en 2013.
Comienza el disco de forma
enérgica con la macarra “It’s All The Shame To Me”, con unas guitarras y unos
coros callejeros y potentes pero con una melodía vocal suavizándola un poco
quedando bastante resultona, al igual que la sencilla y efectiva “Speed” con
ese deje sleazy arrastrado característico marcado por sus coros entre punzantes
riffs y rotundas bases rítmicas. Ritmo más pesado y actual en la inquietante “A
Drop Of Bleach” con el bajo de Martin
dejándose notar junto a la áspera y desafiante voz de Lewis, volviéndose más angustiosa en la siniestra “Sticky Fingers”,
ninguna de las dos me acaban de convencer pero conservan cierto encanto.
Bastante más me ha dicho la
balada “Christine”, romántica y acogedora, interpretada con sencillez y gusto
rodeada de sonidos acústicos y suaves melodías vocales rematando con un bonito
solo de Tracii. Sigue creciendo el
disco con “Baby Gotta Fever”, sleazy descarado y divertido de ritmo contagioso
que atrapa entre golpes de pandereta e incisivos guitarrazos, que se tornan más
setenteros en “Kill It Or Die” cuidada en su melodía con un ligero aroma Hendrix contrastando con la versión más
áspera y chillona de Lewis.
Atacan con la más heavy pero
también bastante melódica “Don’t Bring a Knife To a Gunfight”, una rítmica
macarrada en toda regla acaba quedando bastante resultona por sus golpes de voz,
su acertada percusión y su buen solo de guitarra, siguiendo la misma línea descarada
con “The Devil Made Me Do It” igualmente pegadiza con un estribillo claro
golpeando entre unas descerrajadas guitarras.
En el tramo final la cosa se
tranquiliza, sucediéndose tres cortes más relajados, comenzando por el tormentoso
medio tiempo “The Flood’s The Fault Of The Rain”, sonando con cuerpo y
expresividad en sus melodías de voz y guitarra rodeadas de un magnífico sonido
orgánico que recuerda a “The House Of The Rising Sun” (The Animals). Se rebaja aún
más el ritmo con la desgarradora balada que da título al disco “The Missing
Peace” con un Phil sobresaliente a
la voz replicado por unos durísimos riffs de Tracii, cerrando definitivamente en clave electro acústica con el
sombrío medio tiempo “Gave It All Away”, algo denso pero tremendamente
apasionado e intenso.
Un buen cierre pare este buen
trabajo que, sin llegar al nivel de los dos primeros del grupo, nos devuelve a
los L.A. Guns más reconocibles y
competentes, esperemos que sea así por mucho tiempo.
Mariano Palomo
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