(Frontiers Music)
Así el tema que da apertura al
disco, “In The Land of the Blind” puede recordar a grupos clásicos como America por sus suaves armonías vocales
y acústicas, con unas bonitas melodías entre el A.O.R. y el country más
asequible. Inmediatamente después entre de lleno en el blues divertido y
luminoso con “The Devil That You Know” con unos coros femeninos y unas
armónicas llenas de rollo, dejando mayor protagonismo para unas incisivas
guitarras en la más cañera “Little Demon” entrelazándose con unas bunas
aportaciones de sonidos de viento y orgánicos dentro un ritmo entrecortado
envuelto de trabajados arreglos instrumentales.
Vuelve la esencia totalmente
blues con “Judas Tree”, armónica, guitarra, voz arrastrada, ritmo atemperado,
todo ello con mucho sentimiento y nivel dentro de su sencillez dejando además
un muy buen solo de guitarra. Se mantiene la intensidad en la más dinámica “Jesus
Was an Atheist” que perfectamente podría pertenecer a la cosecha de Bonamassa o Johnny Lang, bajando luego una marcha con la polvorienta “The Snake
King” marcado por unos buenos sonidos slide y una acertada percusión.
Aparecen elementos cercanos al góspel
en la resultona “God Don’t Care”, palmas, slide y coros acompañando la
desgarrada interpretación vocal de Springfield,
que sigue brillando en la espiritual “The Voodoo House” en la que el dobro
marca su sonido junto a unas competentes voces en segundo plano, aumentando el
octanaje con “Sucide Manifesto” blues del Delta de ritmo vivo con las guitarras
rodeadas de armónicas y sonidos orgánicos.
Baja el pistón con “Blues for the
Disillusioned” que con ese título no puede ser otra cosa que una melancólica
pieza tan agradable como plana al estilo Dylan más cansino, mejorando
notablemente hasta el final con “Santa Is an Anagram” un festivo rock and roll
a lo Chuck Berry, y con la extensa “Orpheus
In The Underworld” diez minutos de acogedor country blues, con exhibición de
armónica incluida, barnizado de bonitos teclados y acústicas.
Un buen disco, que además de
sorprender creo que cumple sobradamente, aportando mayor riqueza estilística a
la dilatada trayectoria de su autor, resultándome bastante interesante.
Mariano Palomo
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