(Provogue / J&R
Adventures)
Con aquella primera entrega ya
nos hicieron disfrutar del sonido añejo que hizo grande a Rich Robinson bien secundado por sus compañeros desde hace años, el
también guitarrista Marc Ford y el
bajista Sven Pipien. Junto a ellos
el competente vocalista Hookah Brown,
el preminente teclista Matt Stocum y
el rotundo batería Joe Magistro,
para completar una intensa y versátil colección de composiciones que van desde
el polvoriento y denso sonido con toques psicodélicos de “Sooner Or Later” que
abre la entrega, hasta el arrastrado blues “Where Is This Place”, pasando por
el marcado groove de “Gimme Something” enganchando sobre su vibrante ritmo
marcado por la presencia del bajo de Pipien
y las buenas melodías de las voces con reminiscencias Beatles en su estribillo.
Continúan en modo groovie con
vaivenes rítmicos en la reiterativa y sencilla “Leve It All Behind” que seduce
con su cadencia setentera resultando potente y efectiva, bajando el ritmo con
el medio tiempo “In Here” donde brillan la melodías de piano y acústicas entre recitantes
versos con toques soul y sureños resultando de lo más entrañable del disco, al
igual que la suave y envolvente “You And I” romántica y agradable con un ligero
repunte de ritmo en su parte final, siendo de las que más recuerda a Black Crowes, tanto por su sonido de
guitarra como por la interpretación vocal de Brown.
Siguen más o menos la misma línea
“Mother Storm” de nuevo a medio tiempo con base sureña electroacústica y
destacada presencia de sonidos slide entre cuidadas armonías vocales, manteniendo
las mismas premisas pero subiendo de ritmo e intensidad con la expresiva e
intensa “A Mirror”, otra de las más destacadas del redondo, al igual que la
lenta y profunda con aires country sureños “Lost Boy” en la que sus bonitos
coros acompañan a la perfección el tono más grave de la voz principal.
Aparecen ciertos matices a lo Bob Dylan en las líneas vocales de “Turn
It Around”, algo que no me convence demasiado ya que parece que va a crecer
pero no acaba de rematar, amaga pero no golpea, algo que sucede también en cierta
medida con “Life Is a Landslide” con su lisérgica y desgarbada melodía central
de nuevo con tintes psicodélicos y setenteros, mejorando notablemente con el
blues-soul de “Doesn’t Really Matter” fresca y vacilona, de nuevo con los
primigenios Black Crowes presentes a
golpe de intensas líneas de voz y efectivos aportes de guitara de Robinson y Ford llenos de feeling y matices.
En general un disco entretenido y
versátil, con algún que otro altibajo, pero perfectamente disfrutable para los
seguidores de los sonidos americanos tradicionales sin prejuicios como más que válida
continuación de su anterior entrega.
Mariano Palomo
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