(Mascot Records)
Desde que dejó a un lado a
colaboradores tan valiosos como Jeff
Scott Soto, Joe Lynn Turner, Goran Edman o los hermanos Johansson, los discos de Malmsteen ha ido bajando exponencialmente,
con unas composiciones que en muchos casos más parecen meros ejercicios de destreza
instrumental sin alma, muy lejos de las inmensas canciones de sus primeros
trabajos, con un protagonismo absoluto del sueco haciéndose cargo prácticamente
de todo, incluida la voz y unas producciones realmente mediocres en algunos
casos.
Dicho lo cual, es fácil entender que
no supusiera una gran ilusión para mí la llegada a mis manos de este nuevo
disco (igualito que si esto hubiera sucedido hace treinta años) y que no
esperara gran cosa, pero siempre con la remota esperanza de que fuera a
encontrarme con un trabajo al menos digno del nombre de su autor. Y el caso es
que, tratándose prácticamente en su totalidad de un disco de versiones, no está
mal del todo, aunque alguna de las revisiones pecan de excesivo barniz barroco
cuando en su esencia son más básicas y cercanas al rock setentero y al blues.
Eso sí, vuelvo a quedarme aquel magnífico “Inspiration”
de 1996 con Jeff Scott Soto a la
voz, en el que rendía magnífico tributo a bandas como Kansas, Rush, Scorpions, Rainbow o Deep Purple y Jimi Hendrix que repiten en esta ocasión.
Pero claro, ahora no está Soto y la voz de Yngwie está muy lejos de acercársele, aunque como decía hay algunas
covers que le han quedado bastante bien llevándoselas a su terreno, entre ellas
las de Hendrix “Foxey Lady” y “Purple
Haze”, bastante endurecidas y barrocas pero respetando la sensual cadencia
rítmica de la primera y la incendiaria esencia de la segunda ejecutada con
fuerza y brío resultando de lo más adictiva. Tampoco están mal las de Purple, “Demon’s Eye”, que repite
respecto a “Inspiration” resultando
algo menos brillante en sus partes vocales y más incisiva en su instrumentación,
y la celebérrima “Somke On The Water” engordando su inconfundible riff y
alargando su solo sobre una base rítmica algo hueca.
Entre medias, de todo un poco, una
acertada “Blue Jean Blues” de ZZ Top
que suena tórrida y atormentada con feelin’ metiendo un oportuno apoyo de
teclas orgánicas acompañando su descarnado solo, una recargada “While My Guitar
Gently Weeps” de George Harrison algo
saturada de dibujos de guitarra con un virtuoso solo doblado pero respetando su
melodía central con buen gusto, o una curiosa “Paint In Black” de los Stones acelerada en su ritmo casi power
metalero obviando el encanto lisérgico de la original, explayándose igualmente
con su habitual técnica en la final “Forver Man” de Eric Clapton que suena más a demo que a otra cosa desluciéndola
notablemente.
De los nuevos temas propios me
quedo con “Sun’s Up Tops Down”, un buen blues rock de alto octanaje de ritmo y
base clásicos desarrollando sus partes de guitarra con rollo y virtuosismo,
junto a una notable interpretación vocal arrastrándose tras sus notas. Por su
parte “Blue Lightning” cumple en clave más hard pero sin olvidar el blues con
la guitarra brillando por encima del resto con unas mínimas aportaciones de
teclas y coros.
Se completa el disco con dos
instrumentales no muy extensas como son “1911 Strut”, puro sonido Yngwie barroco dentro un marcado ritmo
blues boogie, y “Peace Please” una bonita pieza lenta en la que el guitarrista
escandinavo muestra su cara más entrañable y desgarradora recordando
ligeramente sus mejores tiempos.
En fin, un disco que no va a
hacer que Malmsteen recupere su
mejor nota, pero que al menos sí nos deja algunos buenos momentos del que antaño
fue uno de los mejores guitarristas del mundo.
Mariano Palomo