(Avispa)
En esta ocasión, como él mismo
nos comentó en la presentación del disco en Madrid hace unos días, Paco ha querido rescatar los sonidos
que le engancharon en los ochenta a los grandes virtuosos de la época a ambos
lados del Atlántico, desde los miembros de la factoría Varney en Estados Unidos, hasta el barroquismo europeo con su
máximo exponente en Suecia. Todo ello queda perfectamente reflejado en las
composiciones que conforman este trabajo, lleno de matices, encanto y gusto,
junto a unos colaboradores de auténtico lujo.
Comenzando por el corte que da
título al CD, “Madre Tierra”, tema evocador, muy expresivo y de profunda
melodía en la que se deja notar el toque exótico del batería israelí Mata Shmuely (Orphaned Land) y del
guitarrista Malek Ben Arbia (Myrath),
completándose el elenco con el gran Phil
Sousan (Ozzy Osbourne) al bajo. Mayor ritmo y dinamismo en la más contundente
pero igualmente melódica “Hayabusa” marcada por un riff rítmico sobre el que
además del guitarrista titular nos encontramos con las correrías por el mástil
de un más moderado que de costumbre Michel
Angelo Battio (Nitro) creando unas magníficas armonías junto a la siempre
precisa pulsación del genial Stuart Hamm
al bajo.
Un Hamm que repite a continuación en la más atemperada “Tu Vida” y en
la más veloz “Taboo”. La primera, sin necesidad de grandes velocidades pero con
mucho cuerpo, resulta altamente atractiva con la participación también del
guitarrista norteamericano Joey Tafolla,
notable referente en este trabajo, y de Jimmy
Waldo con el que compartió grupo hasta hace poco en Alcatrazz, y que se hace presente con acierto a los teclados. La
segunda resulta más hard rockera y la podríamos definir como una mezcla de Satriani y Rainbow, lo primero por su sonido de guitarra y lo segundo por su
base y ritmo que me recuerda a la etapa Turner
del grupo del Arco Iris, y a todo
esto con unos fantásticos aportes de la mano de Jeniffer Batten (The Immigrants, Michael Jackson).
Se relaja el ritmo y entramos en
terrenos más intimistas con “Genzai” una emotiva pieza marcada en su inicio por
el melancólico violín de la japonesa Maya
Yoshida, perfectamente replicado con un gusto exquisito por la guitarra de Ventura, con Rudy Sarzo (Whitesnake, Ozzy Osbourne, Quiet Riot) encargándose del
bajo formando base rítmica junto a Toni
Fernández que se hace cargo de las baterías del disco salvo en un par de
temas. Una base que se hace muy presente, con Jorge Cordero al bajo, en el cabalgante ritmo de la barroca “Fuga
Rampante”, corte de plena inspiración Malmsteen
con guiño clásico incluido y en el que Paco
da rienda suelta a su pasión por el sonido neoclásico del genio escandinavo
venido a menos.
Vuelven los aires orientales y árabes
en la envolvente y breve “Wind of Damascus” rodeada de una excelente
orquestación y coros evocadores obra de Rafa
Villegas, sirviendo como prefecto preludio a la misteriosa y encantadora “Arabestia”
marcada a tempo medio por su rotundas guitarras y deliciosos arreglos de
teclados, siendo la composición más cercana a Medina Azahara de todas las del disco, aunque con un punto más de
dureza en su sonido.
Con “Silver Surfer” y a la vista
de su título, es fácil imaginar por dónde van los tiros, virtuoso dinamismo de
inspiración Satrianesca llena de energía y técnicamente sobresaliente con la
destacable aportación del guitarrista italiano Daniele Gottardo, y del bajista Mike Lepond (Symphony X) dejando unos fraseos y toques de bajo que
crean un interesante contraste. Se relaja relativamente el ambiente con la
pausada “Tras el Espejo” marcando claramente sus notas de guitarra sobre una
base que se endurece en su parte final rompiendo junto a un penetrante riff,
volviendo a la velocidad más viva con “Guitar Land” en la que Ventura cruza virtuosismo y poderío
guitarrero con Jorge Salán, sobre la
competente base de Tony Franklin al
bajo junto a Toni Fernández a la
batería, completada por unas acertadas aportaciones de teclados orgánicos,
resultando un conjunto final de lo más atractivo.
Casi en el final nos encontramos
con una excelente revisión del clásico pop ochentero de los noruegos A-Ha “Take On Me” que Paco ejecuta con una clase enorme
llevándosela a su terreno sustituyendo las melodías principales de voz por las
de guitarra y dejando el teclado presente pero en un plano más discreto, siendo
perfectamente reconocible para transportarnos a una añorada juventud en la que
prácticamente en todos los estilos se encontraban temas tan buenos como este.
El cierre definitivo lo pone una pieza
llena de sentimiento como es “Lágrimas de Hielo”, una preciosidad de composición
electroacústica tremendamente expresiva para concienciarnos del drama del
deshielo de polos de nuestro planeta como argumento final en modo ecologista,
como lo es básicamente todo este excelente disco. Un disco para disfrutar sin
prisas, repitiendo escuchas para disfrutar plenamente de sus muchísimos
detalles y que, para ser íntegramente instrumental no se me hace en absoluto
largo ni pesado.
Mariano Palomo